Analog Africa: En busca del sudor

6 Posted by - 14 noviembre, 2013 - Sin categoría

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“En ese tiempo la música tradicional le daba el sabor a la música moderna. La mejor música africana siempre tiene una base tradicional, es siempre un folclor modernizado”

“Estoy escribiendo el libro de mi próximo proyecto y moviendo un poco el departamento, porque tengo un montón de discos y esto es una catástrofe”. Estas son las primeras palabras que dice Samy Ben Redjeb (41), el coleccionista nacido en Túnez y que en 2001 fundó el sello Analog África. Son pasadas las tres de la mañana en Frankfurt (Alemania), la ciudad desde la cual ha operado en los últimos años, luego de vivir en Suecia, Turquía, Grecia y Senegal. Ahora piensa mudarse a Lisboa, pero deberá compatibilizar el traslado con novedades que lo mantendrán ocupado en las próximas semanas.

En una mixtura de español, italiano, portugués e inglés, Samy Ben Redjeb adelanta que en octubre saldrá Rebita 74, “el primer LP grabado y fabricado en Angola”, que incluyó a Jovens do Prenda, Urbano de Castro y Os Kiezos. En ese país solo se habían publicado singles de 7” hasta que apareció este álbum. “Es un disco histórico, pero si no tenía sabor particular, no me interesaba. Para mí es importante lo histórico, pero es mucho más importante la música, que es increíble. Por eso lo saco, porque es una obra maestra”, asegura.

Esa reedición servirá como presentación para otro compilado de música angoleña, que se publicará a fines de noviembre. Y eso que Analog Africa acaba de publicar Return Flight to Ghana 1974-1983, un estupendo segundo volumen para la serie Afrobeat airways, que antes registraba la compilación West African Shock Waves – Ghana & Togo 1972-1978 (2010).

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Esa música llegó a las manos de Samy Ben Redjeb a partir de un infortunio. Cuando estaba listo para viajar desde Frankfurt a Luanda (Angola), perdió su pasaporte y debió cancelar el vuelo. Intentó reagendarlo, pero estaba todo copado para las próximas semanas. La aerolínea le ofreció entonces escoger otro destino: Kinshasa (República Democrática del Congo), Yaoundé (Camerún), Lagos (Nigeria) o Accra (Ghana). “Mis contactos en Ghana habían encontrado una buena cantidad de vinilos, así que elegí ir para allá”, recuerda.

Así, pocos días más tarde estaba junto a Dick Essilfie-Bonzie, que había comenzado a digitalizar los archivos del sello que gestionara hace décadas, Essiebons Records. Cuando escuchó ese material fue que Samy Ben Redjeb comenzó a imaginar Afrobeat airways, discos que se sumaron a un catálogo que también incluye grabaciones de la Orchestre Poly Rythmo de Cotonou y la Orchestre Super Borgou de Parakou, ambas nacidas en la pequeña república de Benín, y grabaciones provenientes de Burkina Faso y Zimbabwe.

¿Por qué esos discos circulan hoy y despiertan interés en Europa y Estados Unidos? Samy Ben Redjeb considera que “es una pequeña escena musical” y “es más gente la que escucha esta música que la que compra”, pero admite que en los últimos cinco años ha aumentado el interés: “Pienso que la gente estaba saturada con la música que tenía enfrente. Por ejemplo, un inglés que colecciona funk hace 15 años tiene una buena idea de qué es lo tiene y puede conseguir, entonces viene un sello que saca un disco de funk africano y para él se abre una ventana, con una perspectiva totalmente diferente. Es un estilo de música que adora, que conoce bien, pero de pronto aparece una sorpresa frente a él. Creo que este impacto no solo es para la gente que colecciona funk, sino para toda la gente que escucha y colecciona música, que tiene un oído”, explica.

“Muchos no saben dónde están Benín, por ejemplo. Hace cinco o seis años la gente no hablaba de estos países musicalmente: no se hablaba de Etiopía y ahora es un fenómeno, no se hablaba de Angola y ahora sí. Bueno, la gente se interesa por esta música porque viene de un lugar que no conocen y porque es diferente. Quizás es un estilo que sí conocen, pero tocado de una forma distinta. Puede ser con instrumentos tradicionales que solo están en esos países, entonces el sonido es completamente diferente. En ese tiempo la música tradicional le daba el sabor a la música moderna. La mejor música africana siempre tiene una base tradicional, es siempre un folclor modernizado”, agrega.

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Ese caudal de música africana estableció además un puente con la música colombiana a través de Mambo loco (2010), de Aníbal Velásquez y su Conjunto, y de los vibrantes compilados Diablos del ritmo (2012), nacidos luego de sucesivos viajes de Samy Ben Redjeb al país cafetalero.

Por ahora, sin embargo, este continente no aparece en nuevos planes: “Yo también me pregunto si volveré a publicar algo de Latinoamérica, pero creo que el sello es más fuerte en la música africana. Ese disco era una concentración de toda la música que conseguí en cinco años y no lo hice solo para sacar música, sino como un símbolo de respeto hacia la gente de Colombia. Es un pueblo que me impresionó mucho, porque tiene un oído increíble y entiende la música de una manera que no conocía. Por ejemplo, cuando vas a África y buscas música de los años ’70, la gente -y también los viejos- te pregunta qué quieres hacer con esa música antigua, que no vale mucho y no tiene importancia. Hay gente que conoce y entiende por qué la buscas, pero no existe un movimiento que escucha música antigua, la intercambia y habla de eso todo el día. En Colombia, en cambio, la gente consume mucha más música africana. Hay jóvenes colombianos escuchan música keniana o nigeriana y la entienden bien. Fue fascinante y saqué esos discos para mostrar mi respeto por esa gente, que me mostró muchísimas cosas”, relata.

Por otra parte, el énfasis en la música de los ’70 y la ausencia de músicos contemporáneos puede justificarse con pocas palabras: “El sonido es muy limpio”, argumenta Samy Ben Redjeb. “Hay muchísimos músicos antiguos que graban nuevos discos y son completamente diferentes, no tienen sabor, para nada. En África el talento es muchísimo, pero no tienen la capacidad económica para comprar instrumentos y estudios buenos”.

“Si grabas algo ahora y tiene un buen sonido, me interesa y lo escucho, pero es difícil. Cuando se graba, no se siente el sudor. En el disco angoleño que estoy preparando ahora, por ejemplo, te sientes directamente en el centro de la grabación. Sientes un aura humana, sientes que una persona está tocando y sientes cómo la música cambia. Muchas veces, Poly Rythmo termina tocando completamente distinto a cómo empezó y eso no es planificado, sino que se dejan llevar por la adrenalina y la excitación. Sientes cómo el groove va creciendo y cambiando, eso es lo que me gusta”, finaliza.

1 Comment

  • RETURN FLIGHT TO GHANA 1974-83 – AFROBEAT | poesia salvaxe 23 octubre, 2014 - 11:17 Reply

    […] y cultural al alero de vientos independistas que hoy se reedita en vinilo. En este proceso, Analog Africa es un ineludible acierto de investigación […]

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