Canciones valientes de ayer y hoy

9 Posted by - 28 agosto, 2013 - Sin categoría

cancion needle

“Tengo la teoría de que la tradición de canción social chilena es la mejor de Latinoamérica.  Podría ser una característica: que los versos de observación social son parte de la identidad del cancionero chileno”.

“La idea era decirles a los demás: ‘Hazlo tú también. Hagámoslo. Hagamos algo ahora que todo está tan muerto’. Quisimos hacer una realidad paralela. La idea era: no me voy a deprimir, no voy a dejar de hacer lo que quiero hacer. Filo a lo que hay, filo a Pinochet”. La frase pertenece a Daniel Puente, uno de los integrantes de Pinochet Boys, y está en el último capítulo de Canción valiente. 1960-1989 Tres décadas de canto social y político en Chile, el libro que la periodista Marisol García acaba de publicar a través de Ediciones B.

El volumen detalla las canciones que han acompañado las décadas más convulsionadas de nuestra vida política reciente. Así, pasa por nombres fundamentales (Violeta Parra, Víctor Jara, Quilapayún, Patricio Manns, Los Prisioneros), pero también algunos menos advertidos hoy (Rolando Alarcón, Aparcoa, Quelentaro) y otros más inesperados: versos de Aparato Raro, UPA y Fernando Ubiergo, por ejemplo, son reivindicados también como canción social.

“Son apreciaciones personales, pero tengo la teoría de que la tradición de canción social chilena es la mejor de Latinoamérica. Podría ser una característica: que los versos de observación social son parte de la identidad del cancionero chileno. Si uno quiere buscar a los grandes cantautores, sin género, dentro de una lista de diez, por lo menos vas a tener una mitad de cantautores sociales”, dice Marisol García.

De acuerdo a la periodista, el libro apunta a “una especie de limbo” en el que se encuentra la música popular: “La alta cultura la ningunea y la baja cultura no la toma en serio. Lo que yo intento es hablar seriamente de canciones que la gente cree que son melodías para tararear, porque siento que si la tradición de cine o literatura política fuese tan poderosa y tan influyente como lo ha sido la canción, habría diez libros. Este es el primero y no lo encuentro ni siquiera un mérito mío: los datos estaban ahí y había que juntarlos nada más.”

*¿Por qué incluir grupos de los ’80, como UPA y Aparato Raro, que hoy son vistos como parte de un pop de poco contenido social y político?
La evidencia está en las canciones. La letra original de “Calibraciones” (Aparato Raro) es buena, aunque apareció cambiada. Pero está “Ultimátum” y otro par de canciones, como “Dulce decepción” (“Si eres capaz de matar un hermano / ya no hay en ti nada de humano”), donde es evidente que están hablando contra la violencia de ese momento en Chile. Emociones Clandestinas tienen “No me puedo acostumbrar” (“Tengo 27 y quiero vivir / es mi derecho y lo voy a exigir”), con completa conciencia de estar perdiendo el tiempo bajo los milicos.

UPA lo hace desde otro lado, con “La nada” o “Que nos devuelvan la emoción”, y Mario Planet me reconoce que esa era una especie de proclama sobre cómo la retórica política, mezclada con la represión, hacía que sentir pena o decepción pasara a ser una cuestión casi prohibida, porque tenías que estar en los grandes temas y en las grandes luchas. Poco menos que no podías enamorarte.

Ahí también hay un manifiesto político, porque me interesa la política entendida de una manera amplia y no de manera partidista, sino el cómo elegimos vivir en sociedad. Hay muchos músicos que lo han entendido así y me interesaba que se reconociera, porque aunque el boom pop se recuerde con mucha frivolidad, eran músicos bastante más cabezones de lo que uno podría pensar. El libro de Emiliano Aguayo (Las voces de los 80) aclara varias cosas: la mayoría de esa generación estudió música en la Chile, tenían una formación y eran más lectores e interesados sobre lo que estaba pasando en Chile de lo que suele creerse. Además se atrevieron, en las narices de los milicos, a cantar cosas subversivas y rebeldes.

Son reflexiones sobre el tipo de convivencia que se estaba dando. No desde la ideología, pero sí desde la decepción, la indignación o el espanto.

*El libro sigue una tradición de canción social que decae en los ’90. ¿Qué ocurrió en esos años?
Hay muchas teorías y me encantaría que fuese un tema de debate. Una de las teorías es que ese tipo de canción asociaba a los auditores a momentos demasiado traumáticos y oscuros del Chile reciente y nadie quería volver sobre eso. Era muy doloroso volver al canto de peñas, al Café del Cerro, porque estaba asociado a recuerdos muy inquietantes. Entonces los concertacionistas en el poder -los que toman los medios de comunicación o cargos importantes en La Moneda- aligeran o dan una cara un poco más optimista para no volver sobre esa estética que había que dejar atrás. En eso habrá una dosis de traición, una dosis de estrategia, una dosis de dejación de los propios músicos, al no tomarse los espacios y esperar que los llamara gente que nunca se preocupó de llamarlos.

*Eso pasa con los músicos que venían desde los ’80, pero ¿qué ocurre con las bandas que explotan en los ’90?
Son músicos súper talentosos por una serie de razones, pero no grandes letristas, ni menos a la altura del período que cubre el libro. Álvaro Henríquez es un gran compositor y conceptualizador de canciones, pero no me parece que sea un gran letrista, sus versos son más bien como imágenes asociadas, con una vaga observación social.

Hay ejemplos puntuales, como en el sello Alerce. No quiero decir que no haya nada de canto social, pero hay poco y tampoco en plan de himno, épico o sacudidor, como venía siendo.

No sé por qué será, puede corresponder a una frivolización del Chile de la transición, con muy escasas excepciones. Habría que mencionar a Mauricio Redolés, que está incluido en el libro y tiene ejemplos de una canción un poquito más reflexiva, pero los años de Frei fueron súper frívolos. Quizás, tal como la canción acompañó los procesos que cuento en el libro, también acompañó esos años de mayor frivolización. Sería lógico.

*Si en 30 años más se escribiera un libro como éste, ¿qué músicos de hoy habría que destacar?
Ana Tijoux está haciendo cosas interesantes para dar un cierto correlato musical al movimiento estudiantil, por ejemplo. Caía de cajón que alguien tenía que hacerlo y ella no solo ha escrito sobre eso, sino que lo ha asociado con La doctrina del shock de Naomi Klein y está con las antenas abiertas con lo que se está discutiendo en el mundo. Ismael Oddó viene del principal círculo de la Nueva Canción Chilena, y vivió el exilio junto a su padre, en Quilapayún. Su disco solista es muy interesante en su visión de Chile al regreso, con una amargura irónica, enfática, entre cantada y rapeada. Ases Falsos está haciendo un tipo de letras muy atípicas, con crítica y con humor a la vez.

En el último disco de Natalia Contesse, una chica que hace música de raíz folclórica, hay por lo menos cinco canciones vinculadas a temáticas medioambientales y una de ellas es sobre la importancia de defender las semillas. Eso también podría ser interpretado como canción política actual, sobre cosas que nunca antes habían sido consideradas, pero que son los temas políticos del futuro. Lo mismo con los temas feministas que hace Dadalú. Los temas políticos actuales también son de roles de géneros y no han sido muy tocados en Chile hasta ahora. Por ahí habría que esperar nueva canción política, me parecería genial que así fuese.

Esta entrevista es la continuación de una conversación sobre el mismo libro para el programa Radiópolis de Radio Universidad de Chile.

1 Comment

  • POTQ Magazine 9 mayo, 2016 - 17:50 Reply

    […] de inmediato. Pero ¿por qué? Creo que la respuesta -o al menos una de ellas- se encuentra en una entrevista a Marisol García a raíz de su libro Canción Valiente. “Son apreciaciones personales, pero […]

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