Desesperadamente buscando a Lewis (Light in the Attic, 2014)

2 Posted by - 28 enero, 2015 - Crónicas

Hasta el año pasado poco se sabía de Lewis, el dueño de una voz quebrada, acompañada por sintetizadores lánguidos  y un saxo narcótico que podría ser el perfecto telonero de Julee Cruise en el bar de Twin Peaks. Las únicas pistas consignadas en “L’amour”, su vinilo de edición privada, señalan el nombre de este canadiense, Randall Wulff, quien grabó su primer disco en 1983 y pagó las fotos de la portada con un cheque sin fondo, para luego esfumarse.

lws2En el aire quedaron suspendidas extrañas baladas como “We Danced All Night”, taciturna versión perturbada de “Strangers in the Night” y “I Thought the World of You”, increíble profecía de Antony and the Johnsons. La portada y el tracklist son pistas falsas: el galán rubio que titula canciones en el estilo de “Romance For Two” y “Cool Night In Paris” es frente al micrófono un crooner introvertido de discurso intoxicado.

Tras vanos intentos de intentos de contactar al esquivo autor, se reeditó L’amour (1983) a comienzos de 2014. Luego en julio aparecía Romantic Times (1985) ante el delirio de coleccionistas que hoy transan en cifras millonarias unas pocas copias originales.

La crítica cayó ante ambos volúmenes, algunos escépticos alimentaron la paranoia de que la disquera inventó un Rodriguez lo-fi de laboratorio, convenientemente inubicable. La duda era razonable tras el éxito rotundo de este último (incluyendo el oscarizado documental Searching for Sugarman) lo que pareció afectar a la compañía, anunciando que las ganancias se reservarían a la espera de alguien que pudiera probar ser Lewis.

¿Qué es lo fascinante de obra anómala? Está fuera del contexto de su época, cualquier intento comercial habría sido fracaso en un canon radial dominado por un synth pop producido al extremo de la pulcritud. A nivel técnico los errores se acumulan: su dicción es un desastre, comenzando frases con un ímpetu fugaz que se difumina rápidamente en un murmullo. Por momentos se escuchan ruidos ambientales accidentales. Cada año se desempolvan discos de edición privada alucinantes con una historia increíble para acompañar la reseña, pero la intriga de Lewis ante la falta de una biografía certera se convirtió en atractiva nebulosa, tan brumosa como su música. Un trama sin resolver en la era que toda inquietud se soluciona en segundos tecleándola en Google.

l3Tras la repercusión mediática el enigma no tardó en encontrar respuestas, concluyendo una búsqueda de dos años y medio de Light in the Attic, con investigador privado incluido. Viajaron a Canadá y ahí estaba Lewis, siempre de blanco y aun haciendo música. El hombre misterioso no tenía idea del reciente interés por su obra y no pareció importarle la reedición. Recordó buenas historias de la época con los responsables del sello y luego devolvió gentilmente las copias que le llevaron, declinando también las regalías: “No miro atrás”, se excusó el autor.

Si bien la disquera anunció que no editará más copias de sus “L’amour” y “Romantic Times” una vez que se agoten, no parece haber punto final en esta intriga. Aprovechando el momento, un estudio asociado a Lewis publicó un tercer y cuatro disco con nueva música de temática religiosa y con más producción. Spoilers de una incógnita que se antojaba demasiado perfecta para ser real.

Hit esencial: “I Thought The World Of You”
Una mañana de resaca, botellas de rosé vacías y a lo lejos Bryan Ferry en somníferos sentado frente a un piano blanco.

Joya oculta: “We Danced All Night”
Vals espectral para una pareja de bailarines sonámbulos guiados por un saxofón errático.

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