Entrevista: Algorecords, Diez Años Vivos

4 Posted by - 11 julio, 2013 - Sin categoría

perrosky

El rock y ponerte una chaqueta de cuero estaba de moda. Estábamos en el minuto correcto, porque la prensa se preguntó, ¿quiénes hacen rock? Ah, estos hueones, y más encima tienen varias bandas”, explica Álvaro

Los inicios

Fue en 2001 en una sala de ensayo ubicada en calle Lira donde se grabó Hoy, el primer cassette del cuarteto L’Patinalafrente. Al año siguiente se publicó otra cinta, Añejo, firmada por un Perrosky que entonces no era un dúo, sino solo el cantante Alejandro Gómez acompañado por una guitarra acústica. Esas fueron las dos primeras entregas del sello Algorecords, fundado por el mismo Alejandro Gómez y su hermano Álvaro, que el año pasado celebró una década con el compilado Combi rock Algorecords. 2002-2012 Diez años revolucionando el rocanrol.

Luego vino un demo homónimo de Guiso, el single Debe ser mentira (2002) y el primer larga duración de la banda, Sintonizar el ruido (2002). Entonces, la existencia del sello no pasaba de ser un logo dibujado en los discos: “Era algo ficticio, no existía ni la idea de hacerlo formal”, dice Álvaro. El nacimiento de Algorecords fue una respuesta a su tiempo. Álvaro recuerda que en las Páginas Amarillas encontró sellos como Warner, EMI, Big Sur: “Fui a dejar discos de Guiso a todos. Por comodidad, porque quería tocar la batería y no preocuparme”. Sin acogida, el paso lógico fue tomar la iniciativa: “Cuando editamos el primer disco de Guiso, miraba las copias y decía, ¿qué hago con esto? No había un plan de medios o de radios, cada uno tenía discos y si veía a alguien que podía servir, le daba uno”.

Dicen los hermanos Gómez que el ejemplo de sellos como Dischord, Subpop y Estrus estaba en sus cabezas. También etiquetas chilenas como la Corporación Fonográfica Autónoma, de los Fiskales Ad-Hok; Combo Discos, que editaba a Pánico; yQuemasucabeza, que publicaba los primeros trabajos de Congelador. En el camino fueron encontrando también un sonido, forjado en cintas con las cuales se habían obsesionado. Así registraron los primeros discos de bandas como Pendex, Ramires!, Camión, Tío Lucho y las propias Guiso y Perrosky. Según Álvaro, “la sonoridad que se lograba, buena o mala, era común. Eso nos gustaba mucho, porque había una imagen y un sonido de Algorecords. Queríamos ser como Stax en los ’60, pero acá”.

El rock, la moda, las radios

A mediados de la década anterior, las bandas de Algorecords tocaban constantemente en locales de Santiago y otras ciudades, tenían atención de la prensa y sus videoclips rotaban en canales de cable. “Veníamos con el coletazo de bandas más mainstream como Black Rebel Motorcycle Club y los Strokes, que sonaban hasta en comerciales. El rock y ponerte una chaqueta de cuero estaba de moda. Estábamos en el minuto correcto, porque la prensa se preguntó, ¿quiénes hacen rock? Ah, estos hueones, y más encima tienen varias bandas”, explica Álvaro.

Así, cuando los sellos multinacionales experimentaban los primeros síntomas de crisis, una discográfica pequeña como Algorecords vendía discos. “Me acuerdo patente de un lanzamiento de The Ganjas en la Sala Master y haber vendido casi 100 discos de una. Era como ‘¡vendimos caleta de discos!’, como que se podía”, dice el baterista.

Sin embargo, sus canciones nunca se apoderaron de la radio. “Éramos un sonido de nicho, apostamos a algo que nos gustaba a nosotros. El single de Ramires! (“Acción”), por ejemplo, para mí era la raja, pero ibas a la radio y te decían que era chatarra, como poner a los Stooges a las 12 del día, ¡olvídalo! Yo lo encontraba un hit súper comercial, pero nunca fuimos para la radio”, se explica.

A pesar de que ambos hermanos desearían mayor difusión radial, Alejandro Gómez dice que “no vas a estar llamando para decirles que toquen la canción. Hay quienes lo hacen, pero no sé si hoy sea tan necesario para el tipo de banda y sello que somos nosotros”.

Vivos

500 pesos con cover. Esa es la tarifa consignada en uno de los afiches que hoy están pegados en la casa donde funciona Algorecords. Eran tiempos en que un mismo concierto podía reunir a tres o cuatro bandas de sonidos disímiles en schoperías, subterráneos o ex centros siquiátricos (¡!) como Casa de Orates. Y la difusión se hacía en las calles. “Salir a pegar afiches era más romántico, más punk rock”, dice Alejandro. “Si la entrada costaba 500 pesos con cover, ¿qué ganábamos nosotros? No sé”, agrega su hermano entre risas. “Solo queríamos tocar, no era como que íbamos a hacer un montón de plata con las cuatro bandas”.

Alejandro se acuerda especialmente de la primera edición del Festival Pulso, que en 2004 convocó a Les Ondes Martenot, Tsunamis, Amongelatina, Matorral, Guiso, Ramires!, The Ganjas y Gameover en el Teatro Novedades. “Sabía que estábamos haciendo historia con pequeñas cosas y los que estábamos ahí lo sentíamos, sin importar mucho qué ganaras o quién tocara.Matorral invitaba a Nano Stern, conocías gente, había una efervescencia”.

Para ambos hermanos, la masificación de internet fue un cambio vital. Los discos dejaron de venderse como antes, pero la difusión se amplió. “Yo me pasaba la mañana entera viendo vídeos o bajando cosas por Soulseek, te encontrabas a alguien y empezabas a conversar”, dice Álvaro. Así iniciaron contactos con Cosa Salvaje, un fanzine argentino que en sus páginas fotocopiadas traía entrevistas a MC5 y Fuzztones y artículos sobre Los Peyotes, Autoramas y The Supersónicos, entre otras bandas. A ellos les enviaron discos de Guiso, Ramíres!, Péndex y Camión. “Hablaban de una movida garagera argentina que tiene que haber sido así de chica, pero generaban su cuento y era como ¡wow! Yo decía, qué bacán cruzar la cordillera y toparte con todos estos huevones que escuchan o hablan de música similar a la que nos gusta”, recuerda Álvaro. Según el baterista, lo que ocurría en esos países les parecía un símil de referentes más lejanos, como Subpop y Estrus: “Que eso ocurriera en Sudamérica era bacán. Así partieron los nexos, mail para allá y para acá”.

Ahora, dicen, las cosas son distintas en el circuito de Algorecords. Aun a pequeña escala, los locales tienen mejor sonido, haymanagers, roadies, transporte. Ellos mismos han llegado hasta México y España y se preparan para una gira por Europa.

Algunas de las nuevas bandas están justamente integradas por el público de antes. “Yo me acuerdo perfecto del Ives (Sepúlveda, de The Holydrug Couplepelando el cable”. Algo similar ocurría con Philipina Bitch: “Me dijeron que la primera vez que vieron a Perrosky fue en El Interruptor, el programa de Vía X, onda ¿qué es esto?”. Por eso no es casual que Felipe Ruz y Sebastián Orellana, los dos cerebros tras la banda de Concepción, sean parte de los créditos de Vivos (2013), el disco más reciente de Perrosky y Algorecords. Ese disco cierra con una canción que dice: “A todos los amigos / que viven en mis discos / A todos los que aman / la música y los mata / Les digo que están vivos / for a long time”. Eso tampoco puede ser casual.

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