Googoosh: Revolución pop en Irán

1 Posted by - 10 marzo, 2015 - Crónicas

A comienzos de los 70, Teherán forjó el fin de los latifundios y la apertura al sufragio femenino, reformas impulsadas por la familia real apoyada por Estados Unidos. La flor de esta primavera cultural era llamada “la hija de Irán”, la actriz convertida en estrella pop, Googoosh.

Su carrera comenzó a la insólita edad de tres años, acompañando a su padre en sus presentaciones callejeras. A los siete debutaba en el cine y a los 19 años ya era una sensación pop, sin haber pasado nunca por la escuela. Rebelde e impredecible, se convirtió en un ícono de la mujer moderna. Su estilo era ley: si Googoosh cambiaba su peinado las mujeres corrían a la peluquería y copiaban sus minifaldas. En 1975 apareció con pelo muy corto, un estilo hasta hoy conocido en el país como el Googoosh.

En la televisión, el pop tenía su lugar reservado en “Rangarang”, un exitoso programa que acogió por igual a divas disco y la experimentación psicodélica de Kourosh Yaghmaei. Una intérprete carismática como Googoosh registró allí piezas audiovisuales que solo requerían de primeros planos para funcionar, confidenciando a las cámaras sus tragedias de amor con el mismo despecho elegante y soberbio de Françoise Hardy o Mina en sus presentaciones televisivas. Así queda demostrado en registros que hoy sobreviven en Youtube como “Shekayat” (“Lamento”).

googBPara una intérprete que grabó la mayoría de sus discos en farsi, los compositores supieron adaptar la influencia extranjera a las métricas persas e instrumentos folclóricos de tradición milenaria. Con virtuosismo se pasea por Brasil con el ritmo bossa de “Gharibe Ashena” (“Forastero conocido”) o Broadway, trayendo a territorio árabe un corte de Jesucristo Superestrella en “Talagh” (“Separación”). Su influencia superó las fronteras del golfo Pérsico: giró por el norte de África, participó en el Festival de San Remo y grabó singles en español y francés. Desde Bombay, R. D. Burman adaptó para Bollywood uno de sus éxitos.

La apertura cultural no fue más que la calma antes de la tormenta. La revolución islámica puso fin a una década dorada en la música popular iraní, recientemente documentada en compilados como “Rangarang: Pre-Revolutionary Iranian Pop” (Vampisoul, 2012) y “Pomegranates: Persian Pop, Funk, Folk, and Psych of the 60s & 70s” (Finders Keepers, 2009).

Distinta fue la historia para la gran mayoría de los iraníes, quienes vivían una era de tortura y terror a manos de la policía interna encargada de eliminar a cualquier opositor. La población tradicional chiíta, opositora a la campaña para occidentalizar Irán, derrocó al sha, culminando una monarquía de más de 2500 años. La llegada al poder del ayatolá Jomeini en 1979 vino acompañada de venganzas, escuadrones de la muerte y caos.

La nueva administración declaró que las voces femeninas corrompían a los hombres. Googoosh regresó de Estados Unidos, fue encarcelada y obligada a firmar una declaración que ponía fin a su carrera a los 29 años, al igual que todos los intérpretes de música no religiosa.

Por más de dos décadas guardó obediente silencio. Su voz se apagó en el tope de su éxito y sus discos se destruyeron, pero su recuerdo se multiplicó en copias domésticas. Su lamento se convirtió en la voz de miles de expatriados y sus descendientes. En 2000 consiguió autorización para una gira norteamericana y nunca más regresó. Establecida en Los Angeles, meca de los persas de la diáspora, continúa trabajando en nuevos discos y presentaciones. Sus conciertos agotan localidades en Nueva York, Londres y Dubai, lo más cerca que ha vuelto a estar de su tierra. Desde su exilio afirma: “No pienso volver hasta que mi país vuelva a ser lo que era”.

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