Perdidos en el Espacio: 17 años de libertad

3 Posted by - 10 julio, 2013 - Sin categoría

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Perdidos no tiene ninguna restricción. Es un espacio de libertad

“Tanta música nueva, tan breve la existencia para darse cuenta”. Bajo aquel lema, el programa de Radio Universidad de Chile se emite desde 1995. Uno de sus creadores y actual conductor, Jaime Baeza, relata acá algunos de los pasajes más memorables de estos 17 años y explica por qué, luego de tanto tiempo, sigue programando piezas que no se encuentran en ningún otro espacio FM.

En el ‘91 empecé a hacer unas sesiones de videomúsica en la Escuela de Ingeniería (de la Universidad de Chile), cuando no existía MTV acá. Yo tenía algunos contactos afuera, había viajado y me había traído muchos videos “raros”, de grupos como Cocteau Twins y Dead Can Dance. Eran VHS, había que pasarlos de PAL a NTSC y todo. A esas sesiones de videos llegaban muchos (digo, unos veinte) alumnos de la Escuela de Ingeniería, de la Universidad de Santiago y de otras facultades, porque poníamos afiches avisando. Era semanal y lo armamos con otro amigo, el “Lechuga” (Carlos Reyes), que los editaba. Hacíamos cosas entretenidas, como pegatinas tipo amenaza de muerte que anunciaban las sesiones. Los videos los dábamos en un laboratorio de la Escuela de Ingeniería, de Eléctrica, que le llamábamos “el antro”. Después los directivos del departamento de Eléctrica estaban enojados porque a una sala le llamaran “el antro”.

A raíz de esto se formó un núcleo de gente aficionada a la música de este tipo y una de las promesas electorales de la directiva de turno (del centro de alumnos) era hacer una radio de corto alcance para los estudiantes. En ese tiempo yo andaba con todas las ganas de mostrar la música que había traído de afuera a través de un programa de radio, que en su tiempo presenté a la Radio Universidad de Chile, cuando daban Música Marginal Inglesa de Guillermo Escudero, pero no tuve buena acogida. Entonces cuando supe que querían hacer una radio en la facultad dije “aquí voy a tener el programa”. La directiva me dijo que todavía no había gente que se hiciera cargo y me lo ofrecieron a mí. “¿Qué hay que hacer?”, les pregunté. “Todo”, respondieron. “Ya poh, démosle”. Dentro de los que iban a las sesiones de video había todo tipo de especímenes y uno de ellos era un estudiante de Eléctrica que tenía un transmisor de corto alcance en su casa. Le dijimos que queríamos hacer una radio y así la formamos: uno traía el transmisor, otro traía discos, otro un deck, otro una tornamesa. Nos tomamos una sala media perdida en el tercer piso, le pusimos nombre a la radio pirata de la Facultad de Ingeniería y generamos la Radio Integral.

La Radio Integral es la génesis de Perdidos. El ‘94 o ‘95 hay unas conversaciones entre el director de la Radio Universidad de Chile de la época y un amigo, Mario González, que conocía toda la onda de Radio Integral. Ahí salió la posibilidad de hacer un segmento universitario y se hizo una convocatoria en que salieron varios programas de la Radio Integral y ocuparon un segmento que se llamó Antares. Teníamos una parrilla de siete programas que transmitían toda la semana, con rasgos distintos. Desde música como la de Perdidos en el Espacio, misceláneos, música tipo Rock & Pop, otros más literarios y también gente súper puntuda en términos periodísticos y políticos, que se llamaban Mercado Negro. Antares se extendió cerca de un año y entonces hicimos un llamado a toda la Universidad de Chile a presentar programas. Dentro de eso quedó Súper 45 y alargamos a dos horas diarias al aire, entre las 11 de la noche y la una de la mañana. Obtuvimos unos auspicios tránsfugas: jeans Papelucho que se vendían en Rancagua, algo así,  y unos taxis con los que el radiocontrol se podía ir más tarde. Ahora éramos 14 programas toda la semana, pero después se fue el auspicio, hubo que recortar y se eligieron los programas que más aportaban. Súper 45 estuvo a punto de quedar fuera, así que nos turnábamos por un tiempo: una semana cada programa.

Inicialmente, con Perdidos partimos tres: Mario González, que organizó todo esto de Antares, Ottavio Berbakow y yo. Hubo una pequeña pausa, un mes o algo así, en que el programa lo hizo Mario con el Pedropiedra y Vicente Sanfuentes. Debe haber sido el 96, no recuerdo bien por qué. En esa época, Ottavio Berbakow era el que más compraba música y ya tenía mucha desde antes, porque en Integral siempre mostraba cosas súper interesantes. El resto lo poníamos nosotros de lo que nos llegaba de afuera. Acá comprábamos poco, alguna rareza que encontrábamos en Feria del Disco a precio económico, música de los ’60, The Zombies, cosas medio conocidas. Siempre estábamos al día, básicamente gracias a Ottavio, quien tenía un poder adquisitivo que daba para comprar cosas nuevas. Tenía acceso a la revista Wire, por ejemplo, y en esa época estaba fuerte el postrock. Mostrábamos Tortoise, Jessamine, mucho de eso. Entre medio, cosas raras de los ’60, 13th Floor Elevators, especiales de música psicotrópica. Uno de esos especiales fue bien psicotrópico: aparte de la misma música, Spacemen 3 y todo eso, pusimos una estroboscópica para tener la experiencia completa. Fumamos y en la transmisión se escuchaba la estroboscópica mientras hablábamos.

Hoy, yo programo con un mes de anticipación. Escucho mucha música, pasan 20 grupos y de ahí quedan cinco. En esa época lo que hacíamos era escuchar, nos juntábamos el día antes o el mismo día y seleccionábamos. Poníamos cada bloque en un papel y se lo pasábamos al radiocontrolador con un turro de CDs.

Había un circuito de melómanos que iban a las disquerías para melómanos, la Background y dos o tres o más. Yo no me acuerdo de haber ido a la Background, juntarme con el (Hugo) Chávez y conversar de la música, pero Ottavio sí era de los que compraban ahí y el Chávez también nos presentaba mucha música que después poníamos en el programa. Ese circuito de escuchar música convergía en Perdidos, sabíamos que lo que íbamos a mostrar estaba validado por un montón de gente antes y por una curatoría de los sellos. Uno se guiaba por eso, ya venía fileteado. No había mucha pasada por la NME o la Melody Maker, era más por la Wire o las disquerías de gente que la llevaba. Y lo otro eran gustos más personales, los Jesus & Mary Chain, Wedding Present, Cocteau Twins.

Después ya existía internet, comprábamos y nos llegaba la “cajita feliz”. Además, los mismos sitios mostraban 30 segundos de ciertos grupos y yo hacía un bloque que se llamaba Onda Corta, en que mostraba esos mismos 30 segundos al aire y decía “va a salir el nuevo disco de Stereolab”, por ejemplo. Recuerdo que el Cristián Araya (Súper 45) era ultra fanático de Stereolab y estaba metido en el circuito de seguidores, entonces le llegó el tercer disco por adelanto. Nos avisó que lo tenía, lo pasamos a cassette y regalamos el nuevo disco de Stereolab en cassette pirateado. Creo que debe haber sido una de las veces en que más gente llamó, los tres teléfonos sonaban sin parar. Era el año ‘96.

La primera sesión en vivo de Perdidos fue con LEM, que era Ottavio con Óscar Burotto, y Congelador. Los dos grupos juntos, debe haber sido el ‘97. Súper pegado, ruido, una experiencia sonora más que una tocata. Ahí quedó el bichito y dijimos “hagamos otra”. Estaban Termita, Zuecokimonomagnético, Hombre de la Atlántida.

La transición hacia la Sala Master fue por necesidad, ya que la universidad empezó a pedirle autofinanciamiento a la radio y empezaron a cobrar por transmitir. Además, Súper 45 había armado unos concursos de demos, en los que salió Tobías Alcayota y varios más, así que empezamos a ocupar la sala para pagar nuestros programas.  La Sala Master estaba botada, una vez la arrendaron Los Jaivas, pero no tenía sillas ni nada. No había equipos de sonido y era una odisea conseguir la amplificación. Tratamos de conseguir en todas partes y engancharon unos músicos frustrados que nos pasaban todos sus equipos, lo único que pedían eran diez lucas para el que los cuidaba. Teníamos que ir a buscar todo a la Gran Avenida, hacíamos la tocata y después íbamos a dejarlos. A veces no juntábamos la plata porque eran puros grupos desconocidos, pero era parte del espíritu.

En la sala, la gente se ponía en el piso y los músicos se colocaban al fondo, donde ahora hay sillas. Incluso hicimos unas cajas con luces, todo súper hechizo. Las tocatas eran los domingos y tocaron Quadrophénicos, Vazo, Guiso, Enmascarados de Monterrey, Griz, Cumshot Records… una cantidad de bandas. La Sala Master siempre se caracterizó, a diferencia de todos los locales tipo bares, porque la gente iba a escuchar, los músicos tenían la atención de los espectadores, algo que afortunadamente todavía se mantiene. Mirando en retrospectiva, me doy cuenta que lo mismo pasa, por ejemplo, en Londres, adonde fui recién. Hay tocatas de estos mismos grupos de melómanos que tienen programas de radio y va súper poca gente, a pesar de que son conciertos filete y las entradas son dos lucas. No voy a comparar la oferta de Londres, pero es como un símil. Lo que hagamos nunca va  a ser masivo, pero siempre es un aporte, solo falta la difusión.

Una tocata memorable fue de Tobías Alcayota, por ahí alguien subió una grabación. Como la sala tenía una iluminación bien pobre, la hicieron a oscuras y la iluminaron con unos trompos que les dabas cuerda, giraban e iluminaban. Hubo otros conciertos memorables de música experimental, con Martin Joseph  interviniendo el piano o los Pueblo Nuevo con su música acusmática, en que llenaron la sala de parlantes alrededor y sonaba por todos lados. Otra bien especial fue el lanzamiento del segundo compilado, que fue onda Jools Holland. Tocaba Mambotaxi, Termita, otro grupo y Zuecokimonomagnético. Estaban todas las bandas en el escenario y pasábamos de una a la otra.

Estaban las tocatas grabadas, el Danieto (Daniel Nieto) las masterizó, pusimos unas carátulas, un poco de la historia e hicimos unas 60 o 100 copias de compilados de Perdidos en el Espacio. De repente uno que otro me pregunta y me cobran subirlos como mp3. Todos esos registros están en manos de uno de los melómanos al que le pasé todo antes de viajar a Europa, por si se caía el avión y quería hacer algo con lo que no salió. Hay cosas como Ecatipá o una del Gepe con el Rodrigo Santis súper bonita, como David Sylvian con Fennesz. Yo no lo he hecho por tiempo, porque hay que dedicarse para hacer algo bueno, pero en algún minuto lo voy a hacer. Tengo casi preparado un compilado con lo que no salió, pero hay que editarlo, mejorar el sonido. Son cosas que se grabaron en la misma Sala Master y otras que salieron al aire, que están absolutamente perdidas en el espacio.

El eslogan “tanta música nueva, tan breve la existencia para darse cuenta” lo hice yo, aunque nada se inventa, como la energía. Ese es el concepto: no me alcanza el tiempo. Tal vez me acordé de fiestas que hacíamos en la Facultad de Arquitectura en la época de la Radio Integral, en que teníamos lemas como sacados de discos de Dead Can Dance: azul luminoso, violáceo y algo más. De ahí debe haber quedado.

Perdidos es todo lo que no es escucha en otros lados. John Peel es un referente, pero era más extremo, porque mostraba heavy metal, doom, y Perdidos nunca ha ido por ese lado. Encuentro que ellos tienen su público y seguidores, un canal donde pueden acceder a esa música. En cambio, no veo que haya un canal que muestre el neoclasicismo que patrocinamos mucho, música de Islandia, sellos específicos, ambient, que es lo que hacía Sergio Díaz (ex conductor del programa Interfase en Radio Beethoven).

Si entras a una librería, miras las secciones y ves tanto, te ahogas. Ojalá hubiera alguien que te dijera “mira, este libro trata de esto”, te hace un resumen y te lee un párrafo clave. Así, te muestra cinco libros y tú enganchas con uno. Perdidos es eso, es como un filtro. Un filtro de un filtro: de un sello, que ya recibió 80 demos y editó un disco, que es uno de los 20 que escuché y de los que quedaron cinco. Tampoco quiero decir que yo sea la panacea, pero es alguien que te da pistas. Después uno puede acceder por internet y conectarse con los mismos músicos, que son felices de saber que pueden ser escuchados en Chile. Es como que tuviera un programa en el Congo y mostrara a Los Prisioneros, viene el locutor del Congo, habla con Jorge González y Jorge González feliz de que en el Congo lo escuchen.

¿Quiénes escuchan el programa? Solitarios, tal vez. Porque escuchar ese programa a esa hora, cuando o están viendo tele o durmiendo o trabajando o compartiendo con alguien más, debe ser un público así. Los otros son los melómanos y los otros son los que necesitan una pausa de todo el bombardeo diario de publicidad, noticias pencas, crímenes, asaltos, pura basura.

Yo vivo de otras cosas, pero hay que equilibrar la existencia. Esto le da equilibrio a mi existencia, me mantiene siempre escuchando cosas nuevas. Si yo hubiera elegido hacer otra cosa, estaría viajando por el mundo. Escuchar cosas nuevas me mantiene la mente lúcida. Y uno conoce muchos músicos, mucha gente. No sabes a quiénes llegas y después te das cuenta. Hace poco fui a unos recitales en Union Chapel, una iglesia antigua en Londres, de un grupo que se llama Arctic Circle, que hace programas y promociona música experimental, folk, bonita, en Inglaterra. Ahí tocaba un músico que yo había programado y no estaba en el cartel. Voy y le pregunto: “oye, ¿eres Gareth Dickson?” “Sí”, me dice. Le quise sacar un saludo para Perdidos y me dice “¿Perdidos? Sí lo cacho, han tocado música mía, déjame firmarte mi disco…”. Entonces no sabes adonde llegas y te das cuenta el aporte que le haces a los músicos desconocidos, para que su arte pueda ser escuchado y disfrutado por otra gente, que si no es por Perdidos, Súper45 u otros programas, no lo tendría.

Lo otro, es que Perdidos no tiene ninguna restricción. Es un espacio de libertad.

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Fotos: Rodrigo Alarcón, archivo Jaime Baeza y Roberto Olivares (Sesiones Perdidas).

http://www.perdidos.cl/

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