Review: Harald Grosskopf – Synthesist

1 Posted by - 21 diciembre, 2014 - Reviews

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No hay ni un ápice de nostalgia en esta música, por eso suena aún como el testimonio de un futuro utópico, imaginado, mas nunca realizado.

El impacto fue profundo, de esos que conducen a decisiones radicales. Harald Grosskopf (Hildesheim, Alemania, 1949) era un veinteañero, sumaba unas cuantas experiencias como baterista de rock, pero cuando escuchó por primera vez el sonido de un secuenciador tuvo que torcer el rumbo. “Simplemente no era capaz de producir más música rock”, relató en esta entrevista. Así fue como abandonó el camino recorrido. Dejó Wallenstein, la banda de rock sinfónico a la que llegó luego de iniciarse como un joven beat en los Stuntmen y pasar por la formación de unos entonces desconocidos Scorpions (¡!); vendió su preciada batería y con el dinero adquirió una guitarra, un amplificador y un Space Echo.

Poco después tocó a su puerta Manuel Göttsching, se unió a Ash Ra Temple (luego simplemente Ashra) y terminó por zambullirse definitivamente en lo que luego se conocería como la Escuela de Berlín: músicos que eludían las convenciones del rock, que pasaban de las raíces blues. Bandas como Can y Neu! podían utilizar instrumentos propios del rock, pero apuntaban en otras direcciones.

No fue hasta el verano de 1979, sin embargo, que Harald Grosskopf se decidió a grabar su primer disco como solista. Encerrado durante seis semanas en el departamento de su amigo Udo Hanten, pasó las noches acompañado de un Mini Moog e importantes porciones de café y “sustancias ilegales para fumar”. El resultado de esa temporada fue Synthesist, editado al año siguiente por el influyente sello Sky y que hoy se escucha como un tránsito improbable desde la precariedad hacia la sofisticación.

Hay precariedad, porque para construirlo hubo que sortear incluso los cambios de temperatura que desajustaban el sintetizador. ¿Cómo lo solucionaron? Con una ampolleta de 60 watts ubicada junto al instrumento, que permitió mantener el calor y, de paso, la afinación. Nada de eso, no obstante, se puede adivinar al ver y escuchar Synthesist. La carátula muestra el rostro plateado y brillante de Harald Grosskopf, bajo tipografías definidas y límpidas, y las ocho composiciones instrumentales que contiene transmiten una sensación de perfecto equilibrio. Hay pulsos mecanizados, bajos repetitivos, texturas y atmósferas; piezas que parecen ensambladas con precisión maquinal, sobre las cuales a veces se despliegan melodías evocadoras, que conducen hacia horizontes que se imaginan infinitamente más amplios que el departamento donde fueron concebidas. No hay, además, ni un ápice de nostalgia en esta música, que por eso suena aún como el testimonio de un futuro utópico, imaginado, mas nunca realizado.

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A1 So weit, so gut
A2 B. Aldrian
A3 Emphasis
A4 Synthesist
B1 1847 – Earth
B2 Trauma
B3 Trascendental overdrive
B4 Tai ki

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