Selda Bağcan: Eléctrica delicia de Turquía

7 Posted by - 21 octubre, 2014 - Crónicas

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“El amargo sonido del pueblo turco” es como poéticamente prefiere autodenominarse Selda Bağcan, la trovadora de Anatolia que colgó la guitarra de palo para dedicarse a conectar sintetizadores, pedales de distorsión, laúdes y la milenaria tradición folk de su tierra con efecto electrizante. Su disco de 1976 es un cortocircuito que lleva por nombre simplemente “Selda”.

Como la única mujer entre tres hermanos varones, desde los cinco años Selda se impuso tocando la mandolina en las familiares sesiones musicales que dirigía su padre. Durante la época escolar su pasatiempo favorito fue reinterpretar canciones en inglés, italiano y español que oía en la radio. Tras la muerte del patriarca, la familia emigró a Ankara, donde sus hermanos dirigían un popular recinto de conciertos.

En el club Beethoven, ubicado en el centro de Ankara, Selda escucharía a sus héroes en vivo, encontrando el empujón para lanzarse con sus propias composiciones y debutar. Sus primeros singles fueron editados en su último año como estudiante de ingeniería física, los que llamaron la atención de Türküola, mítico sello que acogió a los librepensadores de la época y aún hoy en plena vigencia. Aceptar la oferta para grabar su primer LP fue inevitable, sus primeros ensayos vendieron un millón de copias.

selda 03En “Selda” están todos los elementos que nos fascinan de la psicodelia turca que exportaron Baris Manço y Erkin Koray: instrumentos tradicionales como el saz y baglama enchufados y con tratamiento progresivo, una voz desgarradora y versos que se alargan con métricas bizarras (además de los tiempos simples como 3/4 y 4/4, en el folclor turco son comunes otros como 5/8, 7/8, 9/8, 7/4 y 5/4). Es decir, la influencia de los Rolling Stones y Led Zeppelin ahumada por las volutas del narguile. El dato freak en el emergente panorama rock del país bicontinental es que esta delicia musical era responsabilidad de una mujer.

Si su intención era armar un manifiesto de protesta arraigado en el folk local con potentes líricas radicales, entonces sus colaboradores potenciaron el concepto con maneras musicales igualmente rupturistas. Todo parte con el lamento a capella “Meydan Sizindir”, impulsado con un riff que te golpea. A la altura de “Gitme” estás volando en alfombra mágica por Anatolia, entre ráfagas eléctricas para luego encontrarte con el ojo de la tormenta, “Ince Ince”. No todo es rock: interludios como “Nasirli Eller” encajarían como un número exótico de vestido largo en Eurovisión.

El disco invistió a una cantautora que giró por Europa y América – presentada como la Joan Baez de Oriente – pero pronto pasaría de embajadora cultural a una incómoda voz del pueblo frente a la autoridad. Tras el Golpe de Estado de 1980 fue encarcelada tres veces y se le negó el permiso para salir del país, logrando solo aumentar su mito. Tras editar discos por docenas, hoy prefiere ceder la atención a la nueva camada dirigiendo su propio estudio de grabación en Estambul. En 2006 los arqueólogos del sello inglés Finders Keepers rescataron su debut, un golpe eléctrico que no pierde voltaje.

Hit esencial: “Ince, Ince” (Copos de nieve), los clásicos lamentos del folclor turco adquieren tonos de protesta política con afilados riffs progresivos. Un clamor desesperado, iracundo, casi entre sollozos: “¿Por qué Urfa no es como tu Estambul? (…) estamos perdidos, estamos muertos”

Joya oculta: “Adaletin Bu Mu Dünya” (Injusto mundo), un ejemplo de la Selda clásica: ella, ese desgarro de voz y su guitarra. Los experimentos psych-prog se reservan únicamente a su disco homónimo de 1976.

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